La semana había sido agotadora para Bianca intentando comunicarse con su padre, cuidar su espalda, fingir delante de todos, necesitaba un descanso, se había quedado dormida sobre su cama, no supo cuánto tiempo pasó cuando sintió una mano sobre su boca que la hizo despertar exaltada.
— ¡Sshh! soy yo hermosa –Alastair estaba frente a ella.
— ¿Qué haces aquí? ¿Te volviste loco?
— Necesito que vengas conmigo –Bianca desconfiada se levantó colocando su bata.
— ¿A dónde? ¿Para qué?
— ¿Quieres ver a