Después de varias semanas Nicholas despertaba del profundo sueño al que fue obligado, su cuerpo pesaba y su muñecas y pies ardían, al abrir sus ojos su vista era borrosa escuchaba agua gotear y notó muy poca luz, su boca estaba seca.
— Ten... tengo sed
— Claro que tienes sed, llevas días y noches dormido –Escuchó la voz de una mujer que él reconoció.
— ¡Maldita perra! juro que te voy a matar ¿Dónde está mi familia?
— ¡Shhh! bájale dos a tu tono, no estás en condiciones de exigir Nicholas, sol