— ¡Este lugar es bellísimo! –Camille observaba desde lo más alto del castillo toda Brasov. –Tiene una vibra muy especial –Dice sonriendo.
— Eso me preocupa –Ella frunce su ceño y gira para verlo. –Sí, bueno tengo obligaciones en Brasil, no podemos vivir aquí –Ella se acerca rodeando sus manos en su cuello.
— Me conformo con que vengamos tres veces al año –Daven acarició el rostro de Camille con ternura.
— No puedo decirte a nada que no, voy a complacerte, por cierto esta noche debo ir a supervi