El Alfa no esperó al día siguiente.
Nos reunió aquella misma noche.
El gran salón estaba casi vacío, pero no lo suficiente.
Nick.
Kael.
El Beta.
Elya.
Yo.
Y tres miembros del Consejo de Colmillo Plateado.
Demasiados ojos.
Demasiado silencio.
Me dolía la sien con un latido sordo bajo la venda. Cada vez que tragaba, notaba la garganta seca. Quería sentarme.
No lo hice.
El Alfa permanecía junto al fuego.
—Este asunto termina aquí.
Nick soltó aire por la nariz.
—Otra vez.
El Alfa no le hizo caso.
—