Nick subió las escaleras sin correr.
Eso fue lo que más miedo me dio.
Cada paso parecía controlado.
Demasiado controlado.
Sus ojos estaban fijos en la sangre de mi cara.
Darien levantó las manos.
—La encontré así.
Nick ni siquiera lo miró.
—Serafine.
—Estoy bien.
Su mandíbula se tensó.
—No vuelvas a decirme eso mientras tienes sangre en la cara.
Llegó hasta mí.
Se agachó.
Sus manos fueron directamente a mis mejillas.
Se detuvieron antes de tocar la herida.
—¿Te golpeaste la cabeza?
—Sí.
—¿Has p