28. Desborde de agua
—Eso era lo que quería escuchar —dijo ella, con expresión impúdica.
Hestia extendió sus brazos, para quitarle el bóxer, y lo arrojó fuera de la tina. Luego, le rodeó el cuello y se puso encima de él. Aplastó sus grandes pechos empapados de espuma en el esbelto cuerpo del chico. Sintiendo en sus muslos la firme virtud que se había despertado.
Heros la abrazó por la cintura. Cerró los ojos, cuando percibió el agradable peso de los deliciosos labios de Hestia contra los suyos y las dos grandes sen