27. Punto máximo
Hestia agarró la dura virtud su mano derecha, mientras veía a los ojos azules de Heros. Levantó su cuerpo y acomodó el erguido atributo dentro de ella. Suspiró con pesadez y gozo al volver a ser llenada. No importaba que lo hubieran acabado de hacer, se sentía tan bien al inicio de la velada. Movía sus caderas, mientras se apoyaba en los muslos del chico. Sus enormes pechos estaban expuestos y con sus pezones rígidos.
La transpiración de ambos mojaba las sábanas. La cama se estremecía ante la v