—¿Para dónde crees que vas así? —escuché la voz de Lotte escandalizada al ver que ingresé a su habitación, estaba acostada y se sentó de golpe en la cama.
En lugar de irme directo a la habitación para cambiarme, me desvié y después de adivinar al abrir una puerta y otra, y otra, fue que logré dar con la que estaba ocupando Lotte.
—Vengo, mi amor —la corrigió—, dirás ¿de dónde vengo? —agregué divertida—. Estaba en la piscina.
—¿Así? —preguntó sorprendida señalando con el dedo índice derecho.
—¿Y