Unos segundos después, para sorpresa de Katerina, Alexander regresó, solo con los calzoncillos puestos, fue a la puerta de entrada de la habitación y la aseguró. Cuando regresó a su lado, colocó dos pequeños paquetes en la mesa de noche, apagó la lámpara, dejando que el reflejo de la luna iluminara la estancia de manera tenue, la tomó de la mano y la beso con pasión.
Katerina sintió su alma florecer y bailar de alegría, poco a poco, fue empujándola hasta que sus piernas tropezaron con el borde