Katerina sintió que iba a explotar, se acercó a su padre con los ojos echando chispas, quería gritarle todo lo que le había costado esa posición acomodada. Su vida, sus ilusiones y sus sueños rotos, debajo de la bota del esposo que su padre escogió para ella.
En ese momento, Alexander entró en el salón, seguido de Dimitri. Los ojos furiosos y llenos de dolor de la joven viuda se anclaron en los del hermano mayor.
―¿Estás bien, Katerina?
Katerina cerró los ojos y respiró con profundidad antes