Iván Smirnov se paseaba impaciente por el salón ante la mirada curiosa de Jelena, su hija menor. En el otro extremo del lujoso salón la nana de Karlen trataba inútilmente de mantener tranquilo a su hijo. El niño era un terremoto andante, pero por ser su único hijo varón Iván disculpaba y justificaba su comportamiento.
―Papá, ¿por qué nunca vinimos a conocer a mi hermana, Katerina? ―preguntó Jelena
―Porque su esposo era un hombre muy importante y casi no pasaba el tiempo aquí, sino viajando por