La única alegría en la vida de Katerina era su hija Alexa. Una niña hermosa, feliz, llena de vida y muy inteligente. Desde muy pequeña, Amelia Davies, la instructora de inglés de los niños y ella, se esforzaron en enseñarle el idioma. Alexa absorbía los conocimientos, a pesar de solo tener cinco años, leía en inglés mejor que sus hermanos. Su compañero de juego era su hermano Damien, con quien solo se llevaba un par de meses de diferencia, corrían por los jardines haciendo travesuras y persigui