Gema miró la hora en su reloj y decidió que era muy temprano aún para salir, con nerviosismo se paseó por la sala, mientras Claudia la miraba con una sonrisa maliciosa. Po enésima vez miró el reloj y soltó un bufido exasperado, el taxi que había reservado más temprano aún no llegaría.
―¡Por Dios! Gema siéntate, me duele el cuello de mirarte ―Pidió su amiga.
Gema la fulminó con la mirada, pero le hizo caso y se sentó.
―Quisiera que me hubiese dado más detalles de con quien cenaríamos, no sabía q