Konstantin encontró a Gema en un dormitorio mirando a un borracho Brian que roncaba a todo pulmón encima de la alfombra. La alcoba era grande, con una inmensa cama matrimonial, un tocador antiguo con su espejo y dos ventanales que daban al jardín posterior. Konstantin entró y cerró la puerta, sacando a Gema de su ensimismamiento.
―¿Qué haces aquí? ―preguntó ansiosa la chica.
Konstantin miro largamente a Gema sin pronunciar una palabra, sabía que estaba nerviosa, pero eso no suavizó su rabia.