Los días empezaron a desdibujarse.
No de forma dramática.
No como si mi mundo se estuviera desmoronando.
Simplemente… en silencio.
Como si alguien hubiera bajado el volumen de todo.
Me desperté.
Me vestí.
Salí de casa.
Y no fui al estadio.
Eso lo sentí intencional.
Deliberado.
Como si estuviera trazando una línea y negándome a cruzarla.
Al tercer día, mi padre se dio cuenta.
Claro que sí.
Se daba cuenta de todo.
Incluso de las cosas que fingía ignorar.
—¿No vas a ir hoy?
Su voz provino de detrá