El vestuario se sentía vacío sin él.
Liam se quedó justo afuera.
Con las manos en los bolsillos. Miraba fijamente a través del cristal de la puerta, como si, al mirar el tiempo suficiente, todo se reiniciara, como si las últimas cuarenta y ocho horas pudieran deshacerse y todo volviera a su sitio.
Dentro, el equipo seguía su rutina.
Risas apagadas.
Voces cautelosas.
Nadie pronunció su nombre.
Eso era peor que si lo hubieran hecho.
Exhaló lentamente y se dio la vuelta.
El pasillo se extendía ant