En ese momento vio a través de la ventana y un auto negro se paraba en la acera de enfrente, de él descendió Damián y se paró frente al auto dirigiendo su mirada a la entrada del local.
—Y ve, lo invocaste —se quejó ella.
—Deja de complicarte —le tomó el rostro entre sus manos y le dejó un suave beso en los labios —y déjate llevar, este beso jamás lo sentirás como uno suyo y eso debe decirte mucho.
Helena hizo una mueca en un intento por sonreír, tomo su bolso y salió del lugar, Jason se quedó