Al llegar la mañana, Damián se levantó temprano y salió a preparar algo para desayunar, tenía los boletos de avión para la tarde y aún no se lo había dicho a Helena.
—Buenos días —le saludó al oírla andar por la sala.
—Buenos días —respondió sin emoción alguna.
—Ven a desayunar —le dijo poniendo el plato con pollo asado frente a ella, sirvió también una taza de café que le ofreció. Se acercó y se sentó frente a él en silencio —el vuelo sale a las cinco, hay que estar a tiempo, ya lo sabes.
—¿Pe