Capítulo 40: Destinos Cruzados.
De repente, Cristina, sumida en un dolor profundo que le nublaba los sentidos, no escuchó el motor que se aproximaba. En cuestión de segundos, el automóvil avanzó con la visibilidad casi nula por la cortina de lluvia, sin que el conductor notara su presencia. Ella se cruzó en su camino. El hombre al volante la vio demasiado tarde y hundió el pie en el freno; sin embargo, las llantas patinaron sobre el asfalto mojado con un chirrido agudo. El golpe del parachoques la levantó del suelo y la proye