CRUELLA
Fuego.
Eso es lo primero que comprendo.
No calor—fuego. Antiguo, furioso, vivo. Ruge desde lo más profundo de mí como si hubiera estado esperando durante siglos permiso para liberarse, desgarrando el suelo de la arena, partiendo la piedra como si fuera hueso frágil. La onda expansiva lanza cuerpos por los aires. Los gritos se dispersan en la noche.
Me tambaleo, apenas logro mantenerme en pie mientras el terreno se desploma en fracturas dentadas a mi alrededor.
No planeé esto.
No elegí e