CRUELLA
Fuego.
Eso es lo primero que comprendo.
No calor—fuego. Antiguo, furioso, vivo. Ruge desde lo más profundo de mí como si hubiera estado esperando durante siglos permiso para liberarse, desgarrando el suelo de la arena, partiendo la piedra como si fuera hueso frágil. La onda expansiva lanza cuerpos por los aires. Los gritos se dispersan en la noche.
Me tambaleo, apenas logro mantenerme en pie mientras el terreno se desploma en fracturas dentadas a mi alrededor.
No planeé esto.
No elegí esto.
Pero al poder no le importa.
Responde al dolor.
Responde a la traición.
Responde a la verdad que he estado negando desde el día en que renací.
Sebastian sale despedido hacia atrás, estrellándose contra un pilar roto. Se cubre el rostro mientras los escombros caen, tosiendo, gritando algo que no logro oír por el rugido ensordecedor en mis oídos. La magia grita en mis venas, demasiado fuerte, demasiado intensa. Mi piel arde como si estuviera a punto de abrirse para dejar salir algo más.
El ci