CRUELLA
Habían pasado dos semanas y aun así mi magia seguía sin comportarse.
—Congelaste a alguien sin un hechizo, pero levantar una taza vacía ahora es demasiado avanzado —dijo Carly, entrecerrando los ojos como si yo fuera el problema.
Gemí, frotándome la frente.
—Por última vez, Carly, fue un accidente. No quería congelarla; solo quería que su puño no llegara a mi cara.
—Igual la congelaste, Cruella. Explica por qué una taza es más difícil que eso.
—¿Y cómo me va a ayudar que me regañes? —disparé.
—No ayuda. Necesitamos a Sebastian.
—¡No! Puedo hacerlo. No lo necesito.
Carly arqueó una ceja.
—¿Lo estás evitando?
Me mordí el labio.
—…Estoy evitando algo.
Ella negó con la cabeza dramáticamente y agarró su teléfono de la cama.
—No me importa. Lo voy a llamar.
—¡Eres imposible! —me quejé—. ¿Y por qué te das cuenta ahora de que no tengo teléfono?
—Porque asumí que no creciste en los 90’s —lo dijo como si fuera un crimen—. Sebastian puede comprarte uno.
—Espera… ¿podemos salir de la aca