CRUELLA
Las lágrimas aún caían por mis mejillas mientras Sebastian me besaba, y no pude evitar el suspiro tembloroso que se escapó de mí. Lo había extrañado tanto, y la manera en que me trató como si solo fuera una amiga… dolió más de lo que pensé posible.
Cuando finalmente rompió el beso, su pulgar limpió suavemente el rastro húmedo en mi mejilla.
—He querido hacer esto desde… como, desde siempre —admitió, exhalando profundamente.
Parpadeé, con el corazón desbocado.
—No entiendo… me hiciste cr