CRUELLA
Jason y yo nos quedamos congelados cuando esa chispa atravesó nuestros cuerpos. Fui la primera en retirar mi mano, con el corazón retumbando tan fuerte que estaba segura de que él podía escucharlo. No. No. No. Debí haberlo imaginado. Mi lobo no podía haber dicho eso. Compañera. Eso era imposible.
Pero entonces los labios de Jason se separaron lentamente, sus ojos abiertos, atónito—“Compañera,” articuló con los labios.
Mi estómago se hundió. Ahí estaba. Confirmación. Sin escapatoria.
“¿Cómo es siquiera posible?” susurré, dando un paso atrás. “No soy un lobo completo… Jason, soy mestiza.”
Él parecía igual de sorprendido, pero detrás de esa sorpresa… vi la verdad. Comprensión. Como si finalmente algo hiciera clic para él.
Y felicidad.
Por supuesto que él estaría feliz. Mientras tanto, yo sentía que el suelo se abría bajo mis pies.
“¿No deberías estar feliz?” preguntó con esa sonrisa molesta suya. “Encontraste a tu compañera a una edad temprana—y una poderosa.”
“Claro,” murmuré. “