CRUELLA
Jason y yo nos quedamos congelados cuando esa chispa atravesó nuestros cuerpos. Fui la primera en retirar mi mano, con el corazón retumbando tan fuerte que estaba segura de que él podía escucharlo. No. No. No. Debí haberlo imaginado. Mi lobo no podía haber dicho eso. Compañera. Eso era imposible.
Pero entonces los labios de Jason se separaron lentamente, sus ojos abiertos, atónito—“Compañera,” articuló con los labios.
Mi estómago se hundió. Ahí estaba. Confirmación. Sin escapatoria.
“¿C