Brandon decidió quedarse una semana más en Santorini.
A la mañana siguiente bajó las escaleras blancas que llevaban al camino principal, donde Katerine lo esperaba.
Se detuvo por un segundo observando a la mujer desde la distancia.
Ella estaba sentada sobre el muro bajo que daba al mar, balanceando las piernas como una niña. Llevaba unas gafas oscuras enormes, un vestido azul claro que se movía con la brisa y una bolsa de papel en el regazo de la que comía algo con evidente placer.
Cuando lo vi