Una semana después…
Brandon estaba descalzo sobre la arena de Santorini, sintiendo la brisa en su rostro, mientras sostenía el teléfono contra su oreja.
—Ya no se puede hacer nada, Brandon —anunció Richard, en un susurro quejumbroso—. La junta directiva declaró la quiebra definitiva esta mañana.
Sin dejar de observar la playa, escucho cada una de las palabras del hombre.
Katerine, que estaba a su lado, le rodeó la cintura con los brazos, apoyando la mejilla contra su espalda.
Ella no sabía qué