Brandon no imaginaba lo rápido que podían pasar los días hasta que aquella semana se le escapó de las manos, como si fuera agua entre sus dedos.
La mañana antes de irse, despertó con el sonido de su teléfono en una llamada. Esta vez no lo ignoró, como había venido haciendo el resto de aquellos días. Ya era tarde para fingir que el mundo afuera no existía. Porque lo hacía.
Se sentó en la cama, con el cabello aún revuelto, y observó la pantalla de su teléfono por varios segundos. Veintidós mensaj