Un verdadero hombre es fuerte, dominante, poderoso.
Y Brandon nunca se había sentido poderoso.
Nunca se había sentido fuerte.
Siempre fue demasiado dócil a los ojos de los demás.
Sentado en la cama, con el corazón latiéndole a mil por hora, recordó aquellas mañanas en el comedor principal de los Bianchi.
En una ocasión, su abuelo detuvo los cubiertos y clavó su mirada en él. Siempre lo observaba con aquella fijeza, evaluándolo en cada paso.
—¿Te gusta la comida, Brandon? —preguntó el viejo, c