La realidad era que Elena no soportaba lo que veía, por mucho que le hubiera gritado a Xander que la dejara en paz, que se buscara a otra mujer y que no volviera a insistir en tener algo con ella; por mucho que quisiera hacer que su odio fuera más fuerte que lo que aún sentía. Pero la verdad era que el odio no era tan fuerte. La verdad era que, quizás, con el tiempo, hubiera cedido.
Las lágrimas no dejaban de deslizarse por su rostro cuando el timbre del departamento sonó a esa hora. Al acercar