Elena no se quedó a presenciar el enfrentamiento entre madre e hijo; solamente balbuceó una disculpa y desapareció del lugar. Luego, las consecuencias fueron claras: llamaron a Ana para sermonearla.
—Si no escarmientas a tu hija, tendrán que irse las dos.
Su madre le dio un discurso sobre cómo debía ser su comportamiento en la casa; le recordó que ese lugar no les pertenecía, que estaban veinticuatro horas al día al servicio de esa gente.
Ella asintió a todo, prometiendo no volver a fallar, aunq