—Comamos… —ordenó ella, soltándose de su abrazo. Tenerlo cerca era una tortura, y más cuando se portaba así de tierno.
El rostro de Xander se endureció un poco, pero guardó silencio. Se sentó entonces en el lugar indicado, mientras el silencio se apoderaba de la estancia. Por un par de minutos, nadie dijo nada. Ella se sentó frente a él, observando cómo cortaba un trozo de salmón y se lo llevaba a la boca.
—Está increíble —murmuró Xander tras tragar, dejando los cubiertos a un lado para mirarla