—Julieta, viniste… —sonrió Xander al abrir la puerta. Sus ojos verdes se iluminaron al verla y ese hoyuelo que salía en pocas ocasiones se asomó en su mejilla izquierda.
—Te dije que lo haría.
—Discúlpame por dudarlo, pero es que tú… —sacudió la cabeza, dándole espacio para pasar—. Me alegra que estés aquí.
Suspiró al entrar. Sus ojos se desplazaron por la estancia, notando que el lugar seguía siendo exactamente el mismo, sin ningún cambio. Bueno, tampoco era como si hubiera pasado mucho tiempo