Cuando Julieta ingresó a ese hospital con su hija, todo parecía perdido. La fiebre de ese día, la angustia... lo recordaba en carne viva. Ahora, semanas después, todo era tan distinto que le costaba creerlo.
No pudo evitar pellizcarse sutilmente mientras terminaba de cerrar el bolso que contenía las pertenencias de Luna. Ese día regresarían a casa. Se giró hacia la cama y vio a su hija sentada, vestida con una ropa que había elegido con mucho entusiasmo, abrazando con fuerza el oso que Victoria