Al escuchar a su hermana, Brandon tuvo un mal presentimiento. «¿Algo que manchaba el apellido Bianchi?», se preocupó. No pudo evitar pensar en sí mismo y en sus secretos.
—Carlotta… —hizo el ademán de subir y detenerla, pero entonces la pantalla se encendió.
Todo su cuerpo se quedó rígido, congelándose. Uno de sus pies se clavó en el primer escalón, mientras que el otro todavía se mantenía en el suelo del salón. La imagen que apareció en la pantalla era inconfundible; demasiado cruda, demasiado