El cuarteto de cuerdas cesó su melodía, sumergiendo al salón en un silencio expectante y cargado de juicios. Ninguna de las personas presentes conversaba entre sí; todos estaban mirando fijamente al escenario, esperando cualquier palabra que saliera de la boca de Brandon.
Este era el show. Este era el momento de burlarse. Porque los supuestos amigos y socios de su marido no habían venido para ser un apoyo ni para admirar la noble obra de la Fundación Bianchi; ellos habían asistido para confirma