—Julieta, creo que deberías ir al médico —sugirió Brandon esa mañana.
—Ya te dije que estoy bien, Brandon —se negó ella de nuevo. Acababan de salir de la casa juntos: Brandon con rumbo a la empresa y ella para comprar unas cosas para Luna—. Solo fue un desmayo sin importancia.
—No estoy de acuerdo con eso —su preocupación se hizo notar; siempre había sido del tipo bondadoso y bueno—. ¿Desde cuándo te desmayas?
—De verdad que no es nada.
—Julieta, escúchame —suspiró, tomando sus manos con delica