La velada transcurrió con normalidad y, en un momento determinado, se retiró al baño, dejando a su hija en compañía de la enfermera.
Dos minutos, tres… No pensaba tomarse mucho tiempo cuando una mano tapó su boca y la inclinaron hacia adelante pegando su frente contra la pared. Sus ojos se abrieron con horror y luchó por liberarse, pero un cuerpo más grande y pesado la inmovilizó.
—Julieta… —La respiración desigual del hombre le erizó la piel, mientras que, con su mano libre, alzaba su trasero