Xander deslizó el teléfono en el bolsillo trasero de su pantalón cuando algo, o mejor dicho alguien, llamó su atención. Frente a él se encontraba una pequeña figura envuelta en purpurina rosada.
La niña, que no tenía idea de dónde había salido, lo observaba con curiosidad; su pequeña cabecita estaba ligeramente inclinada hacia un lado. Él se descubrió a sí mismo imitando el gesto mientras la inspeccionaba. Tenía la piel tan blanca que parecía hecha de porcelana y unos rizos castaños que enmarca