AMELIA
El agarre de Aarón en mi brazo era firme, pero la verdadera presión la sentía en el pecho. Escuchar su pregunta, esa maldita pregunta de por qué no le había dicho la verdad, terminó por romper los pocos muros que me quedaban en pie. Toda la humillación que guardé durante siete años, el dolor de ser usada y desechada en esa suite y el cansancio insoportable de mi vida se me juntaron en la garganta. Estaba harta de ser la periodista de hierro, harta de tirar adelante sola mientras el mundo