AARÓN
Dejé a Amelia a salvo en el ático, asegurándome de que Olivia se quedara con ella para vigilarla. Subí de nuevo al deportivo y manejé de regreso al canal de televisión a toda velocidad, el coraje me quemaba las entrañas. Fiel a la palabra que le había dado en el camerino, no iba a permitir que ningún imbécil jugara con la estabilidad de mi futura esposa ni con mi herencia.
Crucé el vestíbulo de la televisión con pasos largos, ignorando las miradas de los empleados que se apartaban a mi pa