Abril.-
— ¡Oye, suéltame! –se gira como un simio con los hombros tensos, mirándome con los ojos incendiados–. lo tenía controlado ¿me seguiste?
— ¡Si, muy bien que lo tenías controlado!
— ¿Crees que ese imbécil era problema para mí? He estado involucrada con peores hombres.
Gira su cabeza como la niña del exorcista con la ceja enarcada que casi le llega hasta la nuca.
— Vamos de vuelta a la base.
— Puedo irme sola, gracias –le paso por un lado, pero me detiene, apretando mi brazo con fuer