59. La discusión
Ese “quise hacerlo", que había dicho sin vacilar, como si fuese la cosa más sencilla, como si simplemente estuviera actuando según sus propios deseos, sin preocuparse por sus reacciones, la hizo enojar.
—Eso no está en el contrato. Entre nosotros solo hay besos —dijo ella con voz temblorosa. Ruborizada por el beso y por su enojo.
El límite entre lo profesional y lo personal se estaba desmoronando a un ritmo que la asustaba. Los besos habían sido una cosa; eran parte de un contrato, una obligació