60. En los cuartos
La declaración de Ha-na era como un grito de su propia frustración y soledad, el eco de todas las veces en que él se había cerrado en su dureza y orgullo, sin permitirle ver si detrás de esa barrera existía algún rastro de vulnerabilidad o de afecto genuino. Al ver sus lágrimas, Heinz sintió que algo dentro de él se quebraba. Quería abrazarla, sostenerla y decirle que todo estaba bien, que él también sentía, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta, incapaz de expresar el torbelli