182. El enlace
Heinz se quedó encima de ella. Ambos respiraban de forma agitada, desnudos y sudados. Extendió su diestra y le acarició la mejilla a su hermosa flor asiática.
La oscuridad del cuarto envolvía a Heinz y Ha-na, mientras la respiración agitada de ambos llenaba el aire. Sus cuerpos desnudos brillaban con el sudor de los momentos compartidos, y la calidez de sus pieles contrastaba con la frescura que comenzaba a entrar por la ventana ligeramente abierta. Heinz, con sus ojos azul profundo, clavados e