168. La advertencia
Edward se quedó inmóvil, con la mandíbula tensándose y sus ojos abriéndose ampliamente mientras las palabras de Heinz resonaban como un golpe en su orgullo. No podía creer lo que acababa de escuchar. Su mente trabajaba frenéticamente, tratando de encontrar una respuesta, algo con lo que contrarrestar la humillación que acababa de sufrir, pero estaba vacío de palabras. El desprecio en la voz de Heinz lo aplastaba, y el aire se tornaba más pesado con cada segundo que permanecía allí, mirando a Ha