152. La distancia
Heinz al día siguiente encendió la chimenea y arrojó el contrato que había sido firmado años atrás. Le tomó una foto y se la envío a Ha-na: Ahora eres libre.
El contrato ardía en la chimenea, consumiéndose lentamente mientras Heinz lo observaba con una mezcla de liberación y vacío. Las llamas danzaban, iluminando su rostro de expresión sombría. Sabía que había hecho lo correcto al liberarla, pero eso no aliviaba el dolor que lo corroía. El sonido de la notificación en su teléfono lo sacó de sus