151. La separación
Así, Ha-na regresó al penthouse y recogió sus cosas. Salió lo antes posible, con el temor de volvérselo a encontrar.
El auto avanzaba lentamente por las calles iluminadas por los faroles mientras Ha-na miraba por la ventana, incapaz de contener las lágrimas que seguían cayendo de sus ojos. Su pecho subía y bajaba en un ritmo irregular, marcado por el esfuerzo de contener los sollozos que amenazaban con desbordarse en cada respiración. El rostro de Heinz apareció en su mente una y otra vez, su e