150. El rechazo
—Mírame a los ojos y dime que no sientes nada por ti —dijo Heinz con severidad.
Ha-na estaba agitada, alterada y con ritmo acelerado. Su cuerpo se heló ante la fuerza de sus propios sentimientos.
—Yo no siento nada por ti —dijo ella. No dudó, para que él no descubriera su mentira—. Por favor, libérame. Me tienes prisionera. Me quieres proteger, pero tú eres el único que me lastima. Termina el contrato y déjame ir.
Heinz retrocedió asombrado, con cada parte de su cuerpo temblando. Sacó el estuch