117. La complicidad

Después de cepillarse los dientes, Heinz abrió la llave de la ducha, y el agua caliente comenzó a caer, llenando el sitio con vapor. Ha-na entró primero, dejando que el líquido corriera por su cuerpo, llevándose consigo las últimas huellas de la noche anterior. Heinz la siguió, y por un momento, simplemente se quedaron allí, disfrutando de la sensación afable que humedecía sus pieles.

Pero no pasó mucho tiempo antes de que la tensión entre ellos volviera a crecer. Heinz se acercó a Ha-na. Sus m
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