Elena
—Mamá —abracé a Igor y lo apreté en mi pecho.
—Elena —insistió Alaric, esperando una respuesta a su pregunta—. Elena, debemos hablar.
El ya sabía la verdad, No había duda. Era obvio que Atenea no iba a quedarse callada.
—No hay nada que discutir, Alaric.
Sentí su presencia acercarse de nuevo, pero antes de que pudiera responder, otro conjunto de pasos se unió a nosotros. Liana llegó, su respiración agitada.
—Elena, algo urgente ha sucedido.
Junto a ella, un beta de la manada se adelantó