Desde que Senna había fallecido, habían pasado tres años. Con el poderoso respaldo de la familia Voss, Astrid había prosperado en la industria del entretenimiento, asegurando contratos publicitarios por doquier. Su valor comercial se había disparado, y ahora era ella quien elegía a los demás, no al revés.
Creyó que se haría con el premio a la Mejor Actriz en la ceremonia, sumando otro glorioso logro a su carrera. Pero, para su sorpresa, no solo perdió el premio, ni siquiera recibió un reconocim